El mejor espresso del mundo en el café “La Tazza d’Oro”… No 4

Valentina era de ese tipo de personas que nunca hacían nada por hacer, pues todo en su vida, dentro de su orden anárquico, la más nimia decisión, tenía algún sentido, que podía ser más o menos oculto para el resto de la humanidad, pero claro y diáfano para ella.

Compartimos un plácido paseo en bicicleta desde Largo Argentina hasta el Panteón, donde según los entendidos se podía encontrar el mejor espresso del mundo, en el café “La Tazza d’Oro”. Lo que me recuerda que en otro momento os hablaré de la magia del espresso italiano.

Nos contamos nuestra vida, más bien nuestra vida italiana, el porqué nos encontrábamos aquí, lo que fuéramos o hiciésemos antes no tenía mucho sentido pues el ahora era nuestro nexo de unión, y este maravilloso lugar el escenario. Fue casi mágico reconocer tantas ideas propias en el otro, definitivamente hablábamos el mismo lenguaje vital, cada uno en su ámbito, ella en la moda, yo en la literatura, pero en esencia aspirábamos a conseguir lo mismo, a dejar nuestra impronta, a conmover al mundo con nuestra conmoción personal, aquella que surgía de nuestras respectivas pasiones.

De acuerdo con mis planes, a diferencia de Valentina, no me quedaba mucho en Roma, y más pronto que tarde partiría hacia el sur a la búsqueda de la más auténtica Italia. Que conste que no niego el carácter embriagador de la cittá eterna y su gente, pero algo me decía que más al sur comenzaría mi gran aventura. Sin embargo, por suerte, mi relación con Valentina no había hecho más que empezar…